La otra cara – “Los siete pecados del Tour de Francia”

Se acabó el Tour. Se acabaron las tardes de bicifórum, los aficionados abandonaron las carreteras y los ciclistas emprendieron su viaje de vuelta. Ha sido un Tour fantástico, que nos ha removido muchas emociones dentro: alegría, decepción, sorpresa, lástima… y admiración. Admiración por un ciclista que ha sabido no sólo ganar, sino dar espectáculo. Se puede vencer y se puede convencer. Y Vincenzo Nibali ha hecho las dos cosas. 
Pero, más allá de aburridas crónicas, en Pedaleando vamos a ejercer de confesores y poner nombre a los siete Pecados Capitales de este gran espectáculo que acaba de echar el telón.

1. Lujuria – Rafal Majka

Se dice de la lujuria que es el deseo sexual desordenado e incontrolable. Si dejamos el tema del sexo de lado, el resto lo ha encarnado el corredor polaco a la perfección. El descontrol que ha mostrado Majka en todas las etapas de alta montaña de este Tour son dignas de un post al completo. Desatado, el pequeño escalador del Tinkoff-Saxo (el nuevo Vini Fantini) se ha pasado por la piedra a los grandes favoritos de la general en lo que a subir cuestas se refiere. 2º, 1º, 1º y 3º son sus puestos en las cuatro etapas más montañosas de esta Grande Boucle. 2 etapas y el maillot de la montaña. Demasiado fácil, y sobretodo sabiendo que había corrido el Giro (6º) y estaba de vacaciones a una semana de empezar la ronda francesa. Cuesta creer en la limpieza del polaco al verle pedalear de esa manera cuando otros, que habían preparado una etapa todo el año, se mostraban impotentes. Su mirada inyectada y sus demostraciones de superioridad tan escandalosas (lanzando gestos y carantoñas a la cámara en plena ascensión) parecen evocar un ciclismo que no queremos que vuelva. El que diga que el rendimiento de Rafal Majka en el Tour de Francia 2014 no ha sido sobrenaturalmente sospechoso, o está mirando para otro lado o no simplemente no está mirando. Si nos fijamos bien, incluso los guiños que lanzaba al motorista en Pla d’Adet tienen un toque lujurioso.

 
2. Pereza – Joaquim Rodríguez

Si a algo no puedes venir al Tour de Francia es a pasearte. Purito Rodríguez, tras sus múltiples caídas en primavera y Giro d’Italia, decidió venir a carretera francesa a “preparar” su segundo objetivo de la temporada, la Vuelta a España. ¿Cómo decidió hacerlo? A base de cicloturismo. En la primera semana veíamos a un Joaquim apático, dejándose llevar en cada una de las etapas llanas y perdiendo minutadas. Se habia marcado el objetivo de ganar la montaña, y llevarse una etapa en Pirineos. Pero en el Tour nada es fácil, y todo requiere un esfuerzo. Tras arrastrarse sobre el asfalto, mostró una falta de forma escandalosa en su primer intento de asaltar un triunfo, en La Planche des Belles Filles, y dejó escapar la que a posteriori sería su mayor opción de llevarse una victoria. Digamos que la pereza de seguir el ritmo el pelotón en el llano marcó el Tour de Purito, que se pasó toda la carrera con una o dos marchas menos que el resto. Y no por falta de días de competición ni por picos de forma. Por perezoso. Por pensar que a Pirineos se llega bien sólo acabando las etapas. Esperamos a un Joaquim muy distinto el La Vuelta. En el Tour, el Purito no ha llegado ni a cigarrillo.

3. Gula – Marcel Kittel

¡ÑAM!

El bólido alemán suma y sigue. Cuatro etapas en esta edición de la ronda francesa (las mismas que el año anterior) y un hambre de victoria digna de nuestro tercer pecado. Ya ha dicho que su próximo objetivo es el maillot verde, y es que las volatas se le quedan pequeñas. Este año no ha tenido rival y ni siquiera su compatriota André Greipel le ha podido hacer sombra. Marcel Kittel es todo un caníbal de las llegadas masivas. Si te pones en medio, estás en peligro. Su gula no conoce límites.

4. Ira – Romain Bardet

En lo que ha sido el mejor Tour de Francia del ciclismo francés en mucho tiempo, con el doble podio logrado por Jean-Christophe Peraud y Thibaut Pinot, llama la atención la actuación del jovencísimo corredor del mejor equipo de esta edición, el Ag2r. Romain Bardet ha pasado por todas las etapas a lo largo de la carrera. Del éxtasis de verse poderoso frente a otros grandes, a la impotencia de ver cómo se le escapaba el maillot blanco. Pero la puntilla fue perder el 5º puesto en la contrarreloj de la penúltima etapa, a costa de Tejay Van garderen. No de cualquier manera, sino por dos segundos y por culpa de un pinchazo. Un pinchazo, unos metros, una agonía. Bardet no pudo ocultar su cabreo y disgusto tras dejar escapar un top-5 de esa manera. Una ira que seguramente le sirva para seguir mejorando en el futuro, ya que tiene muchísimo recorrido por delante y grandes esperanzas puestas en él. Pero perder un puesto de honor por culpa de una rueda, es para cabrearse.

5. Envidia – Peter Sagan

Si hay un color para la envidia, es el verde. Y si hay un ciclista que represente el verde en este Tour, ése es Peter Sagan. Tres años consecutivos acumula vistiendo este codiciado maillot, pero podéis estar seguros de que el de esta edición ha sido su triunfo más amargo. Los espectaculares números del eslovaco en las llegadas (7 top-5 consecutivos, por ejemplo) no ocultan el hecho de haberse ido de Francia sin victorias de etapa. “El Bicho” atesora una calidad inconmensurable, lo que ha jugado en su contra durante toda la temporada. Es uno de los ciclistas más vigilados del pelotón, y a quizás este hecho le esté pesando en exceso. Tras una temporada en la que aspiraba (una vez más) a casi todo, y que está resultando justita de victorias, en el Tour hemos vuelto a ver la ansiedad mostrada por Sagan. Es el problema de ser tan bueno. ¿Paralelismo con Valverde? Puede. Pero Peter al menos sabe asumir sus fallos.

Si quiere, ganará más maillot verdes, y no hay que quitarle mérito, pero estamos seguros de que durante este Tour, más de una vez habrá envidiado las victorias de Kittel. Pecador!

6. Avaricia – Vincenzo Nibali

El corredor siciliano se ha marcado el Tour de su vida. Más allá de subirse a lo más alto del podio de París, Lo Squalo ha sabido aprovechar, y de qué manera, una oportunidad de oro, tras el abandono de los dos grandes aspirantes. Ojo, sin restarle méritos, que seguramente habría puesto en muchísimos más aprietos de los esperados a la dupla dorada. Quién sabe lo que hubiese pasado.

Con todos en carrera, Nibali ya demostró sus ganas de victoria allá por tierras inglesas. Pero quería más, y en el pavés sacó las uñas a relucir. Cómo corrió en Arenberg. Y es que, si algo caracteriza al italiano, es la pasión. Pasión por un ciclismo de ataque, de menos vatios y más corazonadas. Pasión por el espectáculo.

Tras las caídas y abandonos de Froome y Contador, Nibali no tiró de especulaciones, y puso su objetivo no sólo en vencer, sino en hacer historia. 8 minutos de diferencia con el 2º clasificado, 4 etapas, y porque no ha podido más. Como bien apuntó @_chorbo en un tweet, no se entra en el Olimpo de puntillas. Y es que el tiburón ha pecado de algo en este Tour, ha sido de avaricia. De diez, Vincenzo.

7. Soberbia – Alejandro Valverde

Alejandro Valverde, ese ciclista que a nadie deja indiferente. Con unas cualidades que a pocos se le

recuerdan, con unas piernas como los grandes, pero con una cabeza que siempre ha jugado en su contra. Su ambición, casi ciega, de  hacer algo grande en el Tour le ha impedido convertirse en uno de los mejores clasicómanos de la historia, sino el mejor. Maldito Tour. 34 años y un palmarés que se antoja corto para su calidad. La verdad es que da cierta lástima ver que, un año más, y en la mejor oportunidad de su vida, se le vuelve a escapar no la victoria, sino hasta el podio.

Pero claro, luego está su cabeza. Y su lengua. No son pocas las declaraciones del murciano que han sido objeto de polémica. Antes de empezar la ronda gala, ya dijo que sólo veía a Contador por encima suyo. Que el objetivo era el podio, “el puesto ya veremos”. Bien, tras las bajas de Froome y Contador, siguió con más declaraciones, esta vez en tono de excusa. Que si la bici de Rojas en Arenberg, que si el plato grande tras su enganchón con Pinot…  Alejandro nunca va mal, siempre es el contexto el que le priva del éxito. JA. Al final, el tiempo nos dio la razón y Valverde no fue capaz de superar a dos corredores franceses ue venían a hacer top-10. Aun así, el de Movistar nos deleitó con una última frase: “El Tour es muy importante, pero no lo es todo”. A buenas horas. Si no lo es todo, no haber sacrificado tu carrera por él. Incapaz de reconocer sus propios fallos, tiene tanta calidad como soberbia. El día que aproveche su capacidad, será un gran campeón. Pero mientras le pueda la boca, seguirán cayéndole palos.

Escrito por:
@Pedaleandoweb

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