Fundación Euskadi – Gracias por 21 años de pasión

Dicen que el número 13 da mala suerte, y quizás como última señal de un destino cruel e inmerecido, a eso de las 13 horas y 13 minutos, Miguel Mínguez cruzaba la meta en la contrarreloj final de la Vuelta a Burgos. Ese momento supone algo trágicamente histórico para el deporte español, y fundamentalmente el vasco: por última vez un corredor del equipo Euskadi cruzaba la meta en una carrera profesional.

Homenajear y analizar la trayectoria de un equipo que ha estado presente en el calendario profesional durante 21 años no es fácil. Podríamos dedicar líneas a explicar por qué se ha llegado a este duro final, divagando sobre la crisis de las instituciones, la voracidad del UCI ProTour, la escisión de Euskaltel y la Fundación Euskadi para la temporada 2013 (de nuevo aparece el maldito número 13), etcétera, etcétera, etcétera. Podríamos también realizar un recorrido, de manera mecánica o impersonal, por el año a año del conjunto vasco, repasando su palmarés y llenando esta entrada de cifras y fechas. Pero todo ello sería insuficiente para hablar de un equipo que consiguió cambiar una manera de vivir el ciclismo.

El equipo Euskadi (luego Euskaltel-Euskadi y finalmente Euskadi de nuevo) supo, desde sus comienzos en 1994, apostar por la base, por el ciclismo de la zona, consiguiendo así mismo enganchar a los aficionados a unos colores, por encima de nombre o estrellas, y llenando las carreras donde participaban de forofos ataviados con los colores de la escuadra vasca.

Difícil o imposible resumir los mejores momentos que hemos vivido de la mano del conjunto de Miguel Madariaga. Fácil es que nos vengan a la memoria las victorias de Roberto Laiseka, el delgado y desgarbado corredor de Guernica, en especial aquella de Luz Ardiden rodeado de la añorada y eufórica marea naranja; el triunfo de Igor Antón en Bilbao el día que la Vuelta volvía al País Vasco; los años de gloria del escalador Iban Mayo o los pódiums en Tour y Vuelta de Samuel Sánchez, por citar solo algunas de las grandes victorias que engalanaron el palmarés de este equipo vasco. Un palmarés que comenzó en 1994 con la victoria de etapa en la Vuelta al País Vasco del malogrado Agustín Sagastí, y que se cerró este 2014 con el triunfo del prometedor Carlos Barbero en el Circuito de Getxo.

Cada uno de los que estáis leyendo esto, tendréis vuestros momentos y vivencias personales, que en momentos de despedida, vendrán a vuestra memoria cuando os pongáis a recordar todo lo que el Euskadi ha dado a nuestra atenta mirada de aficionados al ciclismo. Yo, mientras escribo esto, recuerdo lo bien que me trató el director Txomin Perurena cuando, con diez añitos, me acerqué con mi hermano a pedirle una foto y un autógrafo en la Subida al Naranco de 1994 (qué nostalgia de aquellos años en los que los ciclistas y equipos eran tan accesibles para todos). Soy de los que me emocioné con la primera victoria de mi paisano Samuel Sánchez en 2005 en la etapa de la Vuelta con final en La Bien Aparecida, y de los que, no siendo vasco, sentía como míos los nombres y colores de un equipo que llegó a lo más alto sin olvidar nunca sus raíces.

Entre la nostalgia y el cabreo por la muerte de un equipo singular, nos hacemos y os hacemos algunas preguntas para la reflexión:

  • ¿Habríamos podido disfrutar de los González de Galdeano, de los Osa, de Roberto Laiseka, David Etxebarría, Haimar Zubeldia, Joseba Beloki, Samuel Sánchez, Ibán Mayo, Igor Antón y un largo etcétera sin la existencia del equipo Euskadi?
  • ¿Sería aún más negro el futuro del ciclismo español si el Euskadi no nos hubiera dado a los hermanos Izaguirre, a Mikel Nieve, Mikel Landa o a Carlos Barbero?
  • ¿Somos conscientes todos los amantes del ciclismo de la pésima situación que vive nuestro deporte en España?
  • ¿Se imaginan los aficionados al fútbol que pasaría si el Athletic Club de Bilbao desapareciera y con él la cantera de Lezama?

El lunes ha sido el primer día sin el Euskadi, y con el tiempo nos daremos cuenta del daño que esta realidad hace a nuestro deporte. Nos acordamos mientras cerramos este artículo de la memoria de Agustín Sagasti y de Víctor Cabedo (que en paz descansen), y mandamos nuestro más sincero abrazo a todos los ciclistas y trabajadores del equipo, a los que les deseamos que el futuro sea justo con aquellos que han luchado por dignificar un deporte y un equipo tan especial como el suyo.

Nos despedimos con una frase de la última gran joya del Euskadi, Carlos Barbero, frase que hacemos nuestra hoy.

(Y añado: Carlos, te aseguramos que nosotros jamás lo olvidaremos)

Escrito por:

@VictorGavito

 

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